Tras la muerte de un escritor solitario, un amigo cercano encuentra una servilleta con un texto manuscrito: una confesión breve, acaso su última obra. Sin tachaduras ni correcciones, esa frase encierra más verdad que toda su literatura publicada. El amigo la guarda como quien guarda una carta póstuma, intuyendo que ese mensaje, desnudo y final, es el testamento íntimo de quien vivió corrigiéndose hasta el silencio.